TODO LO SABEMOS ENTRE TODOS
Helena Ciaurriz
“Todo lo sabemos entre todos”.[1] Esta es la frase que se me ha quedado más grabada tras leer el artículo “Pragmatismo y relativismo: C.S. Peirce y R. Rorty”. La lectura de dicho artículo me ha entusiasmado, entre otras cosas, porque considero que enlaza con dos ideas sobre las que pienso habitualmente y sobre las que pretendo continuar haciéndolo para sacar poco a poco más conclusiones. La primera tiene relación con mi convencimiento personal de que merece la pena gastar día a día horas de reflexión en buscar la verdad. La segunda conecta también con mi convencimiento de que la verdad no está compuesta por una serie de teorías que pueden ser escritas o incluso resumidas en una frase célebre que algunos privilegiados repetirán quedando satisfechos por su bella sonoridad y que más tarde enmarcarán en un cuadro colocado en el mejor rincón de su casa o su despacho para mirarla de vez en cuando y sonreír satisfechos por poseer la seguridad de quien tiene la vida resuelta.
Como he dicho anteriormente, yo personalmente quiero seguir pensando sobre esto. Sí, pensar una y otra vez volviendo en numerosas ocasiones sobre los mismos pensamientos. Y esta forma de proceder que se aleja tanto de lo que a primera vista puede parecer complicación es el camino que se debe seguir en esa búsqueda de la verdad. Un camino que a mi parecer nunca se debe correr en solitario si se pretende lograr el éxito.
Cuando doy vueltas a las dos ideas aquí expuestas siempre comienzo por preguntarme a mí misma: “pero veamos, ¿qué es en realidad la verdad?”. Siempre me contesto: “Vamos a hablar claro porque es posible olvidarse de todas las frases hechas que existen y que suenan muy bonitas pero que ya están vacías de contenido”. Cuando comienzo mi investigación personal por este punto es cuando más disfruto, ya que me doy cuenta de que no hay que tener ningún miedo a decidirse a explorar. Además, en este ámbito no existe el fracaso porque el triunfo está logrado cuando se comienza a pensar.
La primera respuesta que doy a mi pregunta es que la verdad no pude ser algo cuyo valor y riqueza resida en la dificultad de su exposición, ni tampoco puede ser algo muy alejado de las aspiraciones cotidianas del ser humano, puesto que es él mismo quien la busca. Asimismo, creo que no se debe tener miedo a hablar de “verdades”. Me parece que en ocasiones se nos llena la boca hablando de “la verdad”y consideramos que si añadimos dos letras más y pronunciamos la palabra “verdades” estamos matando la dignidad y el privilegio de este vocablo. Sin embrago, lo único que estamos haciendo es reflejar con esta palabra los pequeños descubrimientos que hemos hecho en nuestro día a día cuando hemos mirado a nuestro alrededor y nos hemos dicho ¡despierta! y saliendo de nuestro letargo hemos analizado pequeñas cosas de nuestras experiencias y de nuestro entorno.
Y es en este punto donde enlazo con la segunda idea: a mi parecer la clave del éxito, como he dicho anteriormente, está en ir acompañado. Si se trata de abrir bien los ojos y analizar lo que tengo alrededor dejándome interrogar por ello, se debe tener en cuenta que cada persona únicamente tiene dos ojos con los que ve lo que tiene delante pero no puede ver lo que tiene otra persona . Asimismo, mi cabeza piensa unas cosas que no podrán ser pensadas por ninguna otra y por consiguiente, no tiene acceso directo a lo que piensa la otra cabeza que está al lado de mí. Es decir, el ser humano es limitado y cada persona cuenta con un par de ojos, una cabeza y un entorno en concreto con el que no se abarca toda la realidad. Es como si la vida fuese un poliedro con múltiples caras y a cada individuo se le presenta una que examina continuamente siendo consciente de que posee una parcela muy pequeña de la totalidad. Posteriormente, llevado por un deseo innato de relacionarse con los demás y de comprenderlos dialoga con ellos obteniendo enriquecedores beneficios: los demás me transmiten eso que sólo ellos, eso que cada uno, sólo puede pensar, observar, advertir…
Por último deseaba enlazar estas consideraciones con la reflexión que hice hace algún tiempo y me maravilló. Al comenzar la Universidad estuve una larga temporada pensando acerca de la amistad, la confianza y el valor de la intimidad. Un día leí algo que decía que se confía en alguien, se le confía algo y por algún motivo. En este ámbito considero que se puede confiar en que podemos aspirar a comprender y a conocer. El motivo es entre otras cosas la evidencia de que ningún ser humano puede evitar no hacerlo (todo el mundo aunque fuera con tres años se ha preguntado por el porqué de algo). Y finalmente, no sólo es que se pueda confiar a alguien algo aprendido sino que probablemente al hacerlo esa otra persona me descubra un matiz que yo nunca habría advertido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario