L. WITTGENSTEIN: “PRÓLOGO” Tractatus Logico Philosophicus
Helena Ciaurriz Fernández
Me pregunto por la relación entre el lenguaje, el pensamiento y el mundo al igual que lo han hecho distintos filósofos anteriores a mí. He aprendido que, como hizo Wittgenstein, quiero buscar la clarificación de los pensamientos. En esto consiste la filosofía: no se trata de afirmar teorías y erigirlas en doctrina sino de aclarar pensamientos que se encuentran borrosos, enredados y confusos, empezando en primer lugar por los míos.
Teniendo en cuenta lo que dice Wittgenstein en su primera etapa a cerca de cómo encaja el lenguaje, el pensamiento y el mundo llego a la conclusión de que no quiero adoptar una postura reduccionista. Wittgenstein opina que la expresión lingüística tiene un límite. Por consiguiente, lo que se puede expresar se puede hacer de manera clara y de lo demás no hay que hablar sino callar (es lo inefable, Unsinnig) A su vez, la aportación central del Tractatus es su teoría figurativa del significado: comprender una proposición es comprender la situación o estado de cosas que representa[1].
Sin embargo, aunque lo inefable no se pueda expresar, sí que existe. Por tanto, si existe se puede pensar sobre ello y por consiguiente ¿por qué no hablar también de ello? A mi modo de ver esta concepción del lenguaje de Wittgenstein deja por el camino otros usos del lenguaje que son complementarios al que él señala. Si el lenguaje es una parte de la realidad tan significativa es porque nos acompaña constantemente: con el lenguaje hablamos, pensamos, soñamos, jugamos, amamos… A su vez, con él y con el pensamiento podemos ir más allá de lo que comprendemos de la realidad y de lo que captamos de ella. ¿Por qué suspender el juicio en este ámbito aunque no tengamos seguridad de su verdad o falsedad? Es quitar parte de la riqueza al lenguaje y al pensamiento.
Considero que no se puede hablar de las proposiciones únicamente en términos de verdad o falsedad zanjando ahí su análisis. Si se actúa de esta manera no se encaja realmente el lenguaje, el pensamiento y el mundo. Es decir, el pensamiento no deja de pensar en aquellas cosas que son inefables y que existen. Aunque no elabore unas proposiciones que se expresen mediante el lenguaje y que tengan su representación en la realidad, el pensamiento sigue investigando e intentando clarificar las cuestiones que surgen en torno a ellas. Y aunque sus conclusiones sean dudosas o no se puedan refrendar empíricamente, no creo que sobre eso haya que callar. Justamente la expresión de esa duda puede ser el origen de su solución. La expresión de las dudas, el empeño constante por disiparlas es el camino que conduce a la verdad. Por tanto, creo que no hay que dejar de hablar acerca de nada ya que no hay que dejar de pensar a cerca de nada. Es preferible tener dudas acerca de algo que no plantarse nada sobre ello y del mismo modo es mejor poseer proposiciones que originen dudas en torno a su verdad o falsedad que no pronunciarse sobre ello.
En conclusión, la reflexión acerca de la relación lenguaje, pensamiento y mundo me ha llevado a aclararme en un punto: el pensamiento puede pensar más cosas de las que capta con sus sentidos, puede ir más allá. Del mismo modo, el lenguaje no se limita a expresar lo que piensa, o lo que ve en el mundo, o a decir lo que quiere…. Por tanto, si en nuestro pensamiento las cosas no son blancas o negras y en el mundo tampoco, ¿por qué buscamos eso en el lenguaje? Considero que poner límites al lenguaje diciendo hasta aquí puedes hablar, es cortar las alas al pensamiento y a la persona misma. Es enmudecer a un niño que necesita conocerse, conocer e investigar.