martes, 12 de julio de 2011

Las cosas claras



Sí, sí, eso es lo que se necesita: gente que diga las cosas claras:
1-      Libertad de expresión: no = decir lo que me da la gana aunque falte al  respeto
2-      Tolerancia: no= todo vale lo mismo
3-      Normalidad: no = actitud tomada por el mayor número de personas en mi entorno
4-      Libertad: no = no existen límites impuestos por mi naturaleza

Sí, en serio, existe esa palabra, se puede hablar de ella: tenemos dos ojos y no tres, olemos con la nariz y no con la boca…y ese tipo de cosas
5-      Felicidad: no= no existen “problemas”

Mas bien, no hay que creárselos innecesariamente.
A su vez, se debe analizar a fondo qué es tener un problema

Continuaremos….

domingo, 3 de abril de 2011

Ensayos de Filosofía del Lenguaje

L. WITTGENSTEIN: “PRÓLOGO” Tractatus Logico Philosophicus
Helena Ciaurriz Fernández

Me pregunto por la relación entre el lenguaje, el pensamiento y el mundo al igual que lo han hecho distintos filósofos anteriores a mí.  He aprendido que, como hizo Wittgenstein,  quiero buscar la clarificación  de  los pensamientos. En esto consiste la filosofía: no se trata de afirmar teorías y erigirlas en doctrina sino de aclarar pensamientos que se encuentran borrosos, enredados y confusos, empezando en primer lugar por los míos.

Teniendo en cuenta lo que dice Wittgenstein en su primera etapa a cerca de cómo encaja el lenguaje, el pensamiento y el mundo llego a la conclusión de que no quiero adoptar una postura reduccionista. Wittgenstein opina que  la expresión lingüística tiene un límite. Por consiguiente, lo que se puede expresar se puede hacer de manera clara y de lo demás no hay que hablar sino callar (es lo inefable, Unsinnig)  A su vez, la aportación central del Tractatus es su teoría figurativa del significado: comprender una proposición es comprender la situación o estado de cosas que representa[1].
Sin embargo, aunque lo inefable no se pueda expresar, sí que existe. Por tanto, si existe se puede pensar sobre ello y por consiguiente ¿por qué no hablar también de ello? A mi modo de ver esta concepción del lenguaje de Wittgenstein deja por el camino otros usos del lenguaje que son complementarios al que él señala. Si el lenguaje es una parte de la realidad tan significativa es porque nos acompaña constantemente: con el lenguaje hablamos, pensamos, soñamos, jugamos, amamos… A su vez, con él  y con el pensamiento podemos ir más allá de lo que comprendemos de la realidad y  de lo que captamos de ella. ¿Por qué suspender el juicio en este ámbito aunque no tengamos seguridad de su verdad o falsedad? Es quitar parte de la riqueza al lenguaje y al pensamiento.
Considero que no se puede hablar de las proposiciones únicamente en términos de verdad o falsedad zanjando ahí su análisis. Si se actúa de esta manera no se encaja realmente el lenguaje, el pensamiento y el mundo.  Es decir, el pensamiento no deja de pensar en aquellas cosas que son inefables y que existen. Aunque no elabore unas proposiciones que se expresen mediante el lenguaje y que tengan su representación en la realidad, el pensamiento sigue investigando e intentando clarificar las cuestiones que surgen en torno a ellas. Y aunque sus conclusiones sean dudosas o no se puedan refrendar empíricamente, no creo que sobre eso haya que callar. Justamente la expresión de esa duda puede ser el origen de su solución. La expresión de las dudas, el empeño constante por disiparlas es el camino que conduce a la verdad. Por tanto, creo que no hay que dejar de hablar acerca de nada ya que no hay que dejar de pensar a cerca de nada. Es preferible tener dudas acerca de algo que no plantarse nada sobre ello y del  mismo modo es mejor poseer proposiciones que originen dudas en torno a su verdad o falsedad que no pronunciarse sobre ello.

En conclusión, la reflexión acerca de la relación lenguaje, pensamiento y mundo me ha llevado a aclararme en un punto: el pensamiento puede pensar más cosas de las que capta con sus sentidos, puede ir más allá. Del mismo modo, el lenguaje no se limita a expresar lo que piensa, o lo que ve en el mundo, o a decir lo que quiere…. Por tanto, si en nuestro pensamiento las cosas no son blancas o negras y en el mundo tampoco, ¿por qué buscamos eso en el lenguaje? Considero que poner límites al lenguaje diciendo hasta aquí puedes hablar, es cortar las alas al pensamiento y a la persona misma. Es enmudecer a un niño que necesita conocerse, conocer e investigar.  

  





[1] F. Conesa y J. Nubiola (2002),  Filosofía del Lenguaje, Barcelona, Herder, p.114

Ensayos de Filosofía del Lenguaje

TODO LO SABEMOS ENTRE TODOS
Helena Ciaurriz
“Todo lo sabemos entre todos”.[1] Esta es la frase que se me ha quedado más grabada  tras leer el artículo “Pragmatismo y relativismo: C.S. Peirce y R. Rorty”. La lectura de dicho artículo me ha entusiasmado, entre otras cosas,  porque considero que enlaza con  dos ideas sobre las que pienso habitualmente y sobre las que pretendo continuar haciéndolo para sacar poco a poco más conclusiones. La primera tiene relación con mi convencimiento personal de que merece la pena gastar día a día horas de reflexión en buscar la verdad. La segunda conecta también con mi convencimiento de que la verdad no está compuesta por una serie de teorías que pueden ser escritas  o incluso resumidas en una frase célebre que algunos privilegiados repetirán  quedando satisfechos por su bella sonoridad y que más tarde enmarcarán en un cuadro colocado  en el mejor rincón de su casa o su despacho para mirarla de vez en cuando y sonreír satisfechos por poseer  la seguridad de quien tiene la vida resuelta.
Como he dicho anteriormente, yo personalmente quiero seguir pensando sobre esto. Sí, pensar una y otra vez volviendo en numerosas ocasiones sobre los mismos pensamientos. Y esta forma de proceder que se aleja tanto de lo que a primera vista puede parecer complicación es el camino que se debe seguir en esa búsqueda de la verdad. Un camino que a mi parecer nunca se debe correr en solitario si se pretende lograr el éxito.

Cuando doy vueltas a las dos ideas aquí expuestas siempre comienzo por preguntarme a mí misma: “pero veamos, ¿qué es en realidad la verdad?”. Siempre me contesto: “Vamos a hablar claro porque es posible olvidarse de todas las frases hechas que existen y que suenan muy bonitas pero que ya están vacías de contenido”. Cuando comienzo mi investigación personal por este punto es cuando más disfruto,  ya que me doy cuenta de que no hay que tener ningún miedo a decidirse a explorar. Además, en este ámbito no existe el fracaso porque el triunfo está logrado cuando se comienza a pensar.
La primera respuesta que doy a mi pregunta es que la verdad no pude ser algo cuyo valor y riqueza resida en la dificultad de su exposición, ni tampoco puede ser  algo muy alejado de las aspiraciones cotidianas del ser humano, puesto que es él mismo quien la busca. Asimismo,  creo que no se debe tener miedo a hablar de “verdades”. Me parece que en ocasiones se nos llena la boca hablando de “la verdad”y consideramos que si añadimos dos letras más y pronunciamos  la palabra “verdades” estamos matando la dignidad y el privilegio de este vocablo. Sin embrago, lo único que estamos haciendo es reflejar con esta palabra los pequeños descubrimientos que hemos hecho en nuestro día a día cuando hemos mirado a nuestro alrededor y nos hemos dicho ¡despierta! y saliendo de nuestro letargo hemos analizado pequeñas cosas de nuestras experiencias y de nuestro entorno.
 Y es en este punto donde enlazo con la segunda idea: a mi parecer la clave del éxito, como he dicho anteriormente, está en ir acompañado. Si  se trata de abrir bien los ojos y analizar lo que tengo alrededor dejándome interrogar por ello, se debe tener en cuenta que cada persona únicamente tiene dos ojos con los que ve  lo que tiene  delante pero no puede ver lo que tiene otra persona . Asimismo, mi cabeza  piensa unas cosas que no podrán ser pensadas por ninguna otra y por consiguiente, no tiene acceso directo a lo que piensa la otra cabeza que está al lado de mí. Es decir, el ser humano es limitado y cada persona cuenta con un par de ojos, una cabeza y un entorno en concreto con el que no se abarca toda la realidad. Es como si la vida fuese un poliedro con múltiples caras y a cada individuo se le presenta una que examina continuamente siendo consciente de que posee una parcela muy pequeña de la totalidad. Posteriormente, llevado por un deseo innato de relacionarse con los demás y de comprenderlos dialoga con ellos obteniendo enriquecedores beneficios: los demás me transmiten eso que sólo ellos, eso que cada uno, sólo puede pensar, observar, advertir…

Por último deseaba enlazar estas consideraciones con la reflexión que hice hace algún tiempo y me maravilló. Al comenzar la Universidad estuve una larga temporada pensando acerca de la amistad, la confianza y el valor de la intimidad. Un día leí algo que decía que se confía en alguien, se le confía algo y por algún motivo. En este ámbito considero que se puede confiar en que podemos aspirar a comprender y  a conocer. El motivo es entre otras cosas la evidencia de que ningún ser humano puede evitar no hacerlo (todo el mundo aunque fuera con tres años se ha preguntado por el porqué de algo). Y finalmente, no sólo es que se pueda confiar a alguien algo aprendido sino que probablemente al hacerlo esa otra persona me descubra un matiz que yo nunca habría advertido.     


[1] Pedro Salinas, Ensayos II, 169.

Ensayos de Filosofía del Lenguaje

Vaguedad. Bertrand Russell
Helena Ciaurriz

El propósito de Bertrand Russell en su ensayo es, como él  mismo dice, “probar que todo lenguaje es vago y que por lo tanto mi lenguaje también lo es”. El ejemplo característico que se emplea con mayor frecuencia para explicar qué es un término vago es el de la palabra calvo: de muchos hombres se dice que son calvos, unos realmente lo son pero otros no. Han ido perdiendo el pelo poco a poco, uno a uno.  Por tanto, parece que la  pérdida de un pelo en concreto fue la causante de que se convirtiera en un hombre calvo (se ve que es absurdo). Esto sirve de marco para reflexionar sobre algunas cuestiones.

En primer lugar, considero que el hecho de que el lenguaje sea vago no debe llevar a pensar que no se puede hablar con verdad, es decir, a concluir  que lo que decimos es falso. Por el contario, este descubrimiento puede servir para darse cuenta de que no se puede expresar lo que las cosas realmente son y, por consiguiente, para hacerse cargo de la inefabilidad de lo real.
Pienso que esto se puede compara con la experiencia que se tiene cuando se sabe que dentro de unos días se verá a una amiga, o a un familiar o a la propia madre por ejemplo  y, por tanto, se piensa en ella, en lo que me contó la última vez, en lo que pienso sobre eso y en lo que le quiero comentar acerca de ese asunto.  Cada uno puede afirmar también que por fin se va  a explicar con claridad en un asunto determinado que quiero compartir con el otro  pero que nunca logra hacerlo bien. Posteriormente, cuando se está conversando, uno se da cuenta de que no es tan fácil o que quizás no es posible: en la cabeza y, sin ruido de palabras, todo tenía claridad pero a la hora de expresarlo faltan expresiones y  palabras que encajen exactamente con lo que se quiere transmitir.  A mí esto me ha llevado a caer en la cuenta de algo obvio pero que me ha entusiasmado: creo que esto es así porque las palabras son constructos que elaboramos y que no pueden llegar a aprehender a la realidad que está ahí para ser nombrada. Si se pudiera mediante conceptos plasmar la riqueza de la realidad de manera precisa y exacta sería cuestionable dicha riqueza.

Por otra parte, esta primera consideración no debe ir tanto en detrimento de las palabras o del lenguaje, sino a favor de la realidad. Reflexionando sobre esto me acordé de unos versos de Antonio Machado: “Dicen que el hombre no es hombre mientras que no oye su nombre de labios de una mujer. Puede ser”. Indudablemente Machado se referiría con esta letrilla a aspectos mucho más profundos de los que yo vaya a extraer pero a mí me sirven para pensar: el valor de las palabras y del lenguaje es excepcional. Es cierto, que  no pueden hacer presente, traernos o mostrarnos por completo la realidad pero a su vez lo hacen en la medida del conocimiento humano (nunca vamos a conocer por completo lo que las cosas son). En este caso, el hombre nunca va a saber absolutamente quién es él, pero escuchar su nombre de labios de una mujer, en este caso,  puede hacerle descubrir esto según los límites del conocimiento humano

Asimismo, uno se puede preguntar qué es exactamente lo que es vago: las palabras, la realidad, el conocimiento…Russell deja claro que no se puede hablar de vaguedad fuera del ámbito de la representación.. A mí esta consideración me ha recordado al teatro: cuando un actor encarna un personaje que realmente existió debe estudiar adecuadamente cómo era su personaje, su carácter, sus gestos, su tono de voz…La persona que interpreta hace visible a los demás al personaje. El artista podrá ser más o menos preciso, adaptarse en mayor o menor medida pero esto es cuestión de su capacidad para saber plasmar algo inmodificable como es la personalidad del personaje que interpreta. Para mí esto hace comprensible que admitiendo, como antes he dicho, la riqueza del lenguaje exista también vaguedad en los términos. En este caso el artista (las palabras), tiene que presentar a los demás un personaje muy superior: la realidad. Se parece a la ardua pero apasionante tarea que emprendía el escultor Miguel Ángel, el cual se encontraba ya la obra de arte en la piedra o mármol que iba a esculpir. Él, como las palabras o el lenguaje, debía presentar lo que ya estaba.

Por último, el ensayo de Bertrand Russell sobre la vaguedad, me llevó a reflexionar sobre la utilización de algunas palabras: conocer, amar, saber… Nunca se puede saber a qué hacen referencia exactamente cuando las dice otra persona. Guiada por la concepción de Machado de la irreductibilidad de cada persona y siendo consciente de la influencia de la filosofía de Bergson en su obra encontré estas palabras con las que quiero terminar: “Cada uno de nosotros tiene su manera de amar y de odiar, y este amor y este odio, reflejan su personalidad entera. Sin embargo, el lenguaje designa estos estados por las mismas palabras en todos los hombres”.[1] Y concluyo con una idea que he pretendido que jalonara el texto: gracias el lenguaje y pese a su no completa precisión podemos ver reflejada aun con sombras la realidad.



[1] R.Murillo, Comunicación y Lenguaje en la filosofía de Bergson, San José( Costa Rica), Ciudad Universitaria Rodrigo Facio, 1965, p.37  

jueves, 31 de marzo de 2011

wake up!

Wake up! ¡ despierta ya! En muchas ocasiones se dice que las personas más peligrosas son aquellas que piensan.  ¿ Por qué? Porque son capaces de dar la vuelta a un país, a una  sociedad, a un continente y paulatinamente a gran parte del mundo.
Son gente como tú y como yo. 
Se caracterizan por una actitud crítica que les impulsa a observar lo que les rodea y decir: igual sí o igual no. Esto es así,  pero igual puede ser de otra manera mejor o distinta. Creo que se necesitan pocas cosas para manteenr esta actitud, pero estas son imprescindibles:
1- tener una mentalidad universal: es decir, ser capaces de ver un poco más allá del entorno inmediato que me rodea
2- Escuchar a los demás
3- Pensar, reflexionar
4- Mantener uan acitud ambiciosa, con iniciativa

Esto es el comienzo